La tradicional quema de muñecos reunió a miles de personas en La Plata y zonas vecinas. Hubo festejos, incidentes menores y una polémica con la Comuna.
La Plata volvió a encender su ritual de fin de año. Entre la noche del 31 y la madrugada del 1°, la quema de muñecos ocupó calles y esquinas en distintos barrios, con esculturas monumentales de papel y madera que ardieron ante miles de personas para despedir el año y recibir el que comienza, en una ceremonia que fue leída por muchos como el posible cierre de una historia.
La escena se repitió en buena parte de la ciudad: música, aplausos, vecinos reunidos y el fuego devorando estructuras levantadas durante semanas por artistas y grupos barriales. Como cada año, convivieron personajes del cine, los cómics y los dibujos animados con figuras que remitieron a hechos y climas sociales del 2025.
Los muñecos y los barrios
Esta edición no estuvo exenta de polémica, porque la Municipalidad pretendía autorizar apenas 22 muñecos y restringir la posibilidad de las quemas en el Casco Urbano.
Finalmente, hubo quemas tanto en el Casco como en la periferia. Entre las figuras destacadas estuvieron Demogorgon (115 entre 95 y 96), Drako (72 entre 16 y 17), La Bubu (524 y 21), La Noche del Terror (64 y 15), Tun Tun y Tralalero (139 bis y 477), Avatar: el Mundo de Pandora (31 entre 41 y 42) y Sombras del inframundo, entre otros.
Bart Simpson ardió en 17 y 65, en Meridiano V; Chimuelo en 19 y 39; y El Eternauta en 10 y 40. En 17 y 38, durante una de las quemas, se cantó el himno futbolero “Chiqui Tapia botón”, dirigido contra el presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA).
Una quema emotiva y un incidente
Uno de los momentos más cargados de emoción se vivió con la quema del muñeco de Gaam Drako. Entre aplausos y expresiones de afecto, la estructura ardió ante una multitud.
Durante la madrugada, los bomberos debieron intervenir por el incendio de una palmera en el parque de la Estación Provincial de Meridiano V, que se prendió fuego a raíz de una de las quemas.
La prohibición y el conflicto con la Comuna
El trasfondo de la celebración estuvo marcado por una decisión municipal que tensó la previa. Durante el año que terminó, el Municipio resolvió prohibir la quema de muñecos en el centro platense, al argumentar dificultades para garantizar la seguridad, y autorizó únicamente aquellos emplazados fuera del Casco Urbano.
La medida se comunicó el 22 de diciembre, durante la reunión habitual con los muñequeros. Los armadores objetaron el plazo y señalaron que la restricción debía establecerse por ordenanza o con mayor anticipación, ya que las estructuras estaban avanzadas y resultaba impracticable trasladarlas a la periferia de la circunvalación a pocos días del evento.
La clausura de un muñeco ubicado en 31 y 40 encendió las alarmas entre los distintos grupos y profundizó el malestar, que derivó en una protesta que incluyó la difusión de un listado alternativo de estructuras dentro del casco.
Tradición y discusión abierta
Mientras una parte de los vecinos defendió la quema de muñecos como una tradición identitaria de la ciudad, otros cuestionaron el uso de pirotecnia, el impacto en animales y chicos con autismo y la cercanía de algunas quemas con hospitales, y reclamaron una regulación más estricta.
La polémica no se cerró con el último fuego. El debate quedó abierto para despedir 2026 y recibir el 2027.

