Un relevamiento reciente, apoyado en datos de la UNLP, revela cómo las familias de la ciudad priorizan el gasto en tecnología y datos móviles por encima de la canasta básica de alimentos.
En la ciudad de La Plata, el paisaje de consumo está cambiando drásticamente. Lo que antes se consideraba un gasto suntuario o de recreación, hoy se ha convertido en una barrera de acceso a la vida social y laboral. Según datos analizados por especialistas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), los hogares platenses están destinando una porción cada vez más alta de sus ingresos a mantener la conectividad, incluso a costa de reducir la calidad nutricional de su alimentación.
La conectividad como necesidad básica
El fenómeno, para una familia tipo en los barrios de la periferia platense, quedarse sin datos móviles significa quedar desconectado de las oportunidades laborales, las alertas de seguridad vecinal y la continuidad pedagógica de los hijos.
«La conectividad ya no es un lujo; es la infraestructura sobre la cual se construye el acceso a otros derechos», señalan desde los equipos de investigación de la UNLP.
El ajuste llega a la mesa
Mientras los planes de telefonía e internet suben de precio, el recorte se siente en las góndolas. Informes del Consejo Social de la UNLP ya venían advirtiendo sobre un «deterioro en la dieta de los sectores medios y bajos», donde se reemplazan proteínas y vegetales frescos por harinas y productos ultraprocesados, más económicos pero menos nutritivos.
Prioridad Digital: El 85% de los hogares encuestados prefiere recortar en esparcimiento o ropa antes que dar de baja el servicio de internet.
Impacto en los barrios: En las zonas comerciales de la ciudad, se observa una resistencia de los locales de reparación de celulares y venta de accesorios, mientras que las carnicerías y verdulerías de barrio reportan caídas en el volumen de ventas.
Una tendencia estructural
Este cambio en la matriz de gastos refleja una «nueva pobreza» donde, a pesar de poseer dispositivos tecnológicos de última generación, las familias atraviesan situaciones de inseguridad alimentaria. La UNLP continúa monitoreando estos indicadores a través de sus proyectos de extensión, buscando alertar sobre el impacto a largo plazo que esta deficiencia nutricional tendrá en las generaciones más jóvenes de la región.

